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miércoles, enero 2

Prueba.

Una joven estaba sentada en un banco esperando, ni ella misma sabía con exactitud qué, pero estaba. Ve pasar a un joven castaño, se veía apresurado y agitado, sus ojeras se notaban a metros de distancia. Se dejó vences por su curiosidad que la caracterizaba según su inexperta madre de 42 años, a pesar de su edad era una mujer inmadura, nunca apreció ninguna de sus múltiples virtudes. Ella lo siguió hasta una cafetería llamada Le caefteria, una de sus favoritas, ya que el dueño de esta era uno de sus mejores amigos, un hombre de 53 años y disléxico. El joven castaño comenzó a sentir la presencia cuando miró por arriba de su hombro de la muchacha, esta se detuvo y se sentó en una mesa a esperar a que él se retirara y eso hizo, tomó un café durante unos 15 minutos mientras veía volar las gaviotas, se olvidó del joven castaño y se devolvió.

Mientras pasaba por la calle cerca de un callejón sintió un jalón desde la parte suelta de su abrigo que inmediatamente la arrastró hacia él, en fracción de segundos y un grito ahogado tenía a aquél joven castaño frente a sus ojos, sintiendo su respiración 
—¿quién eres, qué rayos quieres de mí y por qué me perseguías?— susurró rápidamente, ella un poco apenada como una niña que la descubrieron tomando galletas del jarrón—.
—Sólo quería saber porqué estabas tan apresurado, ¿eso está mal?
—No sabes en lo que te estás involucrando, mejor vete de aquí.
—¿de qué hablas? ¿por qué tanto misterio?
—Mira niñita, algo muy grande está por suceder, si quieres formar parte de esto, ven conmigo, puede que mueras, pero necesitamos más gente. ¿vienes o no?
Ella deliberó unos segundos sobre la muerte, se dio cuenta que la verdad no le importaba mucho morir, así que asintió y lo siguió.

Caminaron unas cuantas cuadras hasta llegar a un galpón gris, ella tenía 20 años viviendo en esa ciudad y nunca lo había notado, entraron, parecía un almacén de armas o algo parecido, habían aproximadamente 26 personas en traje, más hombre que mujeres pero era una cantidad bien dividida, por decir.
—Traje un nuevo voluntario, o una, lo que sea
—Dile que se vaya al infierno.
—Está en el, en realidad.

Él la llevó hasta una habitación fría, una mesa, dos sillas y una lámpara que sólo alumbraba la parte central de esta. El joven sacó una carpeta roja y unas dos o tres armas y se las entregó. —Esto es todo lo que necesitas saber, necesito hacer algunas cosas, volveré en 15 minutos.

Todo lo que leyó, no la dejó ser la misma. Estaba aturdida. Salieron hacia afuera en busca de un té y una manta, un banco con vista a la costa en la parte trasera del galpón.

—¿Nunca has sentido que todo en lo que alguna vez creíste es falso? ¿Tanto como para no poder distinguir entre la realidad y la fantasía?
—Yo no le llamaría fantasía, es más una pesadilla.
—Es horrible, no sé cómo describir una situación como esta.
—No lo hagas, limítate a tratar de acabarla y colaborar en lo que puedas.
—¿Cómo se originó todo esto? ¿Se expandirá por el mundo o qué?
—No lo creo, estamos a tiempo, las marmotas no son un animal muy difícil de combatir—. Muchos lo calificarían como un problema menor pero aquí se está expandiendo muy rápido. Prepárate para esta noche, será tu primera noche de arreviacha, afortunadamente la última del equipo.
—¿Arreviacha?
—Noche de caza.

Una tarde difícil, ella trató de dormir, pero sufría de un extraño caso de insomnio, ya que ella en su mente está durmiendo pero en realidad está solo parada mirando el suelo con los ojos extremadamente abiertos. El joven entró a la habitación unas horas después, le dijo que se preparara. Ella simplemente rompió su suéter y se lo ató a la cintura, salieron y se dividieron en grupos de cuatro. No se veía nada, las calles estaban frías, vacías y húmedas, justamente cuando ella estaba pensando «Cómo rayos se me ocurrió venir hacia acá» salió una de las marmotas más grandes que ella jamás había visto en toda su vida, el joven castaño y otro rubio dispararon velozmente y la marmota gorda hizo un sonido tan peculiar, en su infancia ella jugó un juego donde una flor gigante al ser destruida hacía un sonido muy parecido a esta.
—Creo que esa era la última.
—¿Estás seguro? ¿Tan rápido?
—Me perseguiste en la última etapa, no sé qué pretendías, jajajaja.
—Espera, ¿qué hay de ese agujero allá? Podría ser una manada completa—. Eso le quitó la sonrisa de la cara por completo, le advirtió que no había nada allí, ella siguió corriendo dejando caer las dos armas que tenía en el suéter que rodeaba su cadera. Cayó en el, tal como un tobogán, sólo que sin una base firme ni fin. Un golpe en la cabeza la despertó de la nada, todo borroso pero podía ver. Tenía personas alrededor, susurrando y viendo con desagrado y curiosidad a la vez.
—¿Dónde diablos estoy?
—Estás en casa, has dormido durante 3 días, pensábamos que estabas muerta— exclamó su madre un poco sorprendida—. Lo único que le vino a su mente fueron las ojeras de aquel joven castaño, nunca pudo responder a la verdadera pregunta.

Si tenía ojeras y parecía cansado, ¿cómo podía caminar tan rápido?

 

2 comentarios:

N dijo...

Que buena historia, me pareció graciosa la pregunta.
Jamás leí sobre caza de marmotas. Me lo imaginé todo, me encanta leer y que cause ese efecto en mi... jejox.

lexisg:) dijo...

Wow, me gustó mucho (: visitaré más seguido este blog.