Capítulo uno: No lo creo.
Toda mi vida me ha encantado viajar, si tuviera el tiempo suficiente dedicaría mi vida a ello, conocer nuevas culturas, comidas y hermosos paisajes. Pero debo quedarme aquí por unos cuantos años más, ojalá no pasen de tres. Es lo único que puedo hacer para complacer a mis padres, ellos creen que nunca llegaré a nada si no termino la escuela y practico en el piano como se debe, ellos hacen lo correcto, toda mi vida me han enseñado buenas cosas. Pero no los veo desde hace 4 meses, cuando iniciaron las clases en el internado. No podría decir que amo este internado, básicamente mi día a día consiste en ir de clase en clase desde las ocho de la mañana cuando a duras penas ves que el sol está saliendo hasta las tres la tarde cuando ya éste está muy bien ubicado para amargarte el día con su fascinante resplandor.
Las personas que me rodean son simplemente
diferentes a mí, tal vez soy yo la que lo es, no me ha interesado averiguarlo.
Los veo como pequeños mosquitos que simplemente molestan, con sus modas,
chismes, son todos iguales y nada interesantes, parecen que vinieran de la
misma máquina defectuosa. En clases sólo me mantengo callada, observando todo
lo que hacen, lo cual hace que mi teoría de la máquina defectuosa cada vez se
vuelva más cierta, deja de ser teoría y se vuelve realidad. Aunque para ellos
sólo soy una muchacha más con problemas para socializar, ni siquiera me importa.
Cuando era una niña me encantaba estar con mi
abuelo, era un gran hombre, siempre me enseñó a que si seguía haciendo lo que
me gustaba y era buena en ello, nadie me detendría, no necesitaría a nadie y
las personas me admirarían y querrían ser tan valientes como yo, era un hombre
honesto y confiable. Era la única persona que he conocido que agradece a un
cajero dándole 10 libras y una sonrisa. Estar cerca de él era un buen sinónimo
de felicidad.
Murió de un infarto luego de que un ladrón intentara
entrar a su casa lanzándose desde el techo, mi abuelo tenía un rifle, el cual
tomó y salió a toda su velocidad posible, el ladrón empezó a disparar y le dio
en un brazo a la Bonnie, su esposa desde el 2006 hasta el día de su muerte,
justo cuando el ladrón se volvió a él, mi abuelo notó una cicatriz en el rostro
del ladrón, una cicatriz que sólo un padre reconocería de un hijo, y así fue,
Martin Clayton, su alumno preferido que acogió como un hijo en su madurez, gritó
su nombre y su corazón se detuvo. No pudieron salvarlo. Clayton fue sentenciado
a 13 años de cárcel o eso leí.
Su muerte me afectó menos de lo que algún día creí,
pero no me marcó.
Mañana será mi primer día en el internado luego de
las vacaciones de primavera, quisiera sólo cerrar los ojos y dormir unas 4
horas.
Hay canciones que amas tanto que las colocas como
tema de alarma, que luego de dos o tres semanas empiezas a odiar. Y así empezó
mi semana, una canción detestable para iniciar un mal día.
Procedí a empezar con mi rutina, gracias a los
uniformes tengo más tiempo para dormir ya que no pierdo tiempo escogiendo ropa,
no me agrada mucho peinarme, prefiero atarme una cola de caballo, simple y pulcra,
así me gusta. Cuando entré a la primera clase estaba uno de los profesores que
más detesto sentado cómodamente en el escritorio esperando a que el resto de la
clase tomara asiento y lo escuchara hablar con su desagradable voz nasal. —Buenos días, clase. Dijo mientras se arreglaba la hebilla de sus
pantalones. Nadie respondió, tal vez uno o dos suspiraron, pero nadie se dignó
a desearle buenos días. El señor Wright era muy odiado por la mayoría de los
estudiantes, tenía una mala reputación de arrogante y estricto, lo cual no es
una buena combinación para alguien tan odioso.
Se rumora que un día una estudiante le pidió
permiso para ir al baño en clases de francés y él le ordenó que sólo se
dirigiera a él en francés, la estudiante le pidió permiso para ir al baño en
francés y él comenzó a reírse a carcajadas burlándose de su acento, le gritó
que se largara y se dijo para sí mismo “mocosa idiota” mientras suspiraba.
También se sabe que el señor Wright es un hombre que sólo cree en sí mismo y en
su teoría de que Dios es el nombre que se le da a lo inexplicable, le gusta
burlarse de los creyentes diciendo que se arrepentirán al saber la verdad.
Recuerdo que un día estaba dibujando en clases, sólo era un bosquejo de lo que yo
consideraba una buena tarde, cerré mi cuaderno y comencé a prestar atención a
su historia de lo idiota que él consideraba a Einstein por ser un genio y no
darse cuenta de que Dios no existe, sólo vomitaba palabras como un completo
estúpido y no había quién lo detuviese.
Comenzó a hablar sobre
las actividades efectuadas recientemente por el comité, anunció que habría una fiesta
de bienvenida el jueves, bien, un día libre. Todos en el salón comenzaron a
murmurar emocionados, esto al parecer lo molestó, comenzó a gritar diciendo que
esperaba un comportamiento adecuado ya que él estaría vigilándonos tal como un
halcón a su presa indefensa.
Creo ser la única
persona completamente desinteresada en ese tonto baile. Siempre será lo mismo,
tal como en las películas, chicas acicalándose como gatos toda una tarde para
lucir bien en la noche y chicos reunidos en casa esperando a que sean las 15:40
para prepararse y buscar a las chicas a las 16:20. Bailan hasta cansarse y se
retiran hacia algún otro sitio a besuquearse, claro, cómo no estar emocionada.
A penas llevaban dos días y ya mis pensamientos eran una estadística de posibilidades en cuanto a si me golpeaba lo suficientemente duro contra el escritorio qué podría pasar. Los días en los que sólo comienzan las clases y los profesores sólo hablan de qué haremos durante el semestre se vuelven tediosos fácilmente, y así fue, durante los recesos, siempre estaba sola, prefería estar sola, me gustaba la soledad, en parte me daba seguridad ya que todo lo que hacía quedaba en mí y en mis pensamientos, técnicamente era un tiempo para pensar.
—Debe retirarse lo antes posible. — Su tono de voz era nervioso, podía sentir su respiración un poco agitada y pude notar que sus manos temblaban — Hablo muy en serio.
A penas llevaban dos días y ya mis pensamientos eran una estadística de posibilidades en cuanto a si me golpeaba lo suficientemente duro contra el escritorio qué podría pasar. Los días en los que sólo comienzan las clases y los profesores sólo hablan de qué haremos durante el semestre se vuelven tediosos fácilmente, y así fue, durante los recesos, siempre estaba sola, prefería estar sola, me gustaba la soledad, en parte me daba seguridad ya que todo lo que hacía quedaba en mí y en mis pensamientos, técnicamente era un tiempo para pensar.
El miércoles un chico
alto, cabello corto con un peinado extravagante se me acercó y me preguntó por
qué estaba sola, le grité que se largara y me lanzó un caramelo, fue algo muy
extraño como para ser el inicio de clases pero minutos después lo vi entregando
caramelos a todos los que lo rodeaban. El jueves fue el día del baile, clases
regulares de día, baile de noche, gran plan. En cuanto llegué a mi dormitorio
comencé a escuchar música sin preocupación alguna mientras navegaba por la web,
sin darme cuenta, me dormí.
Al despertar sentí que
el algo no estaba bien, seguí con mi rutina, ya que en mí era algo común,
cuando entré al edificio, los pasillos lucían fríos, con una iluminación a la
cual no, estaba acostumbrada, olía terrible, entré en la oficina principal para
preguntar qué sucedía; ya que el salón estaba cerrado.
En tanto entré, estaba
la directora y el subdirector conversando junto a un pequeño grupo de parejas
de padres preocupados. Yo toqué la puerta de la oficina preguntando qué estaba
pasando, el subdirector King me hizo señas para que saliera mientras él pedía
un segundo para salir. Cuando salí vi que él me seguía, cordialmente le di los
buenos días, no respondió.
—Debe retirarse lo antes posible. — Su tono de voz era nervioso, podía sentir su respiración un poco agitada y pude notar que sus manos temblaban — Hablo muy en serio.
Me sentí un poco
perdida, otra vez hacen bromas y no me percaté.
— ¿Por qué? ¿Hicieron
bromas de nuevo? ¿Cuándo se supone que regrese?
— No me refiero a ese
tipo de cosas, Kathleen. Es algo más grave que eso.
— ¿A qué se refiere?
— Hubo un asesinato y
tres personas se han perdido, estamos esperando a las autoridades para que se
acerquen a solucionar este embrollo.
— No sé por qué creen
que las autoridades vendrán a hacer magia, revivirán al muerto, hallarán a
quienes se perdieron y encerrarán a los culpables.
— No creemos que eso
pase, pero ellos conocen sobre este tipo de situaciones que nosotros no
prevenimos. Al menos tratarán de hacer lo que está a su alcance. — Su tono de
voz se calmó, sonaba más sereno y pacífico — Ahora por favor, te pido que
regreses a tu dormitorio, empaques todas tus cosas y vayas al despacho de la
secretaria para que te pidan un taxi y regreses a tu hogar durante un tiempo.
— ¿Cuánto tiempo?
— Hasta que esta
situación se tranquilice y podamos incorporarnos de nuevo.
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