La esencia de vainilla me recuerda a ti y cómo vestías aquel día nublado de septiembre.
Todo comienza a parecer borroso cada vez que pienso en ti, muchas cosas vienen a mí, además de recuerdos sobre momentos juntos, empiezo a sentir que el tiempo nunca pasó y somos los mismos de antes. Me sentía tan cercana a ti que pensaba que si seguíamos iguales seríamos uno solo. Mientras mejor te conocía más fascinante eras para mí.
Nunca pensé que jamás llegaría a disfrutar tanto la compañía de alguien, hasta disfrutaba que mis rodillas se debilitaran con una sola mirada y que una sonrisa tuya coloreara mis mejillas como nadie. Eras tan descomunal e impactante que me sentía afortunada de saber que preferías estar conmigo hablando a estar con cualquier otro.
Aquel veintiséis de septiembre llevabas puesto un suéter, hacía un poco de frío, recuerdo que hablábamos sobre literatura, llegó un momento en el que reímos y tomé una fotografía, para recordar ese momento por semanas, quería que todo quedara así. Lo peor de todo fue que nunca te hallé ningún defecto.
Con el pasar del tiempo todo se fue desvaneciendo tal como una flor se marchita. Te sentías tan distanciado y cortante aunque no lo admitieras. Evitabas cualquier situación que involucrara la cercanía hacia mí. Una vez más se volvió una situación incómoda entre los dos. Y todo se desvaneció como el polvo; suave y veloz, repentino y convaleciente a la vez.
Oh, y feliz cumpleaños a Daniel Paredes, la puta esa.
Qué oportuno, internet.